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La problemática del café.

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Históricamente, la comercialización del café ha dependido y ha sido determinada, al igual que en los demás países productores, por las condiciones del mercado exterior, básicamente en cuanto a los altibajos de la producción brasileña, en los últimos 30 años, por la regulación del Convenio Internacional del Café. Hay una sobreproducción mundial por la cosecha de Vietnam, pero en México hubo una disminución drástica tanto en la producción como en el precio y más recientemente por la incorporación al mercado del café Vietnamita con una alta producción y baja calidad.

Desde 1989 a la fecha, los precios han estado más sujetos a las fluctuaciones de la Bolsa de Nueva York, especialmente en el plano internacional, a la suerte de la especulación de las empresas trasnacionales comercializadoras y exportadoras de café. Con la implantación de las políticas neoliberales (mediados de los 80’) por parte de los fuertes capitalistas internacionales, se generó aún más la competencia y son las leyes del mercado los principales motores de lo que para ellos es crecimiento económico.

Los exportadores más grandes están asociados con comercializadores internacionales y cuentan con bodegas e instalaciones de beneficio seco, logrando lo esencial de su acopio mediante financiamientos a beneficios húmedos y secos que se comprometen a venderles su cosecha. Aún la importancia de algunos grandes productores de café va hacia abajo. Las organizaciones de productores en general no exportan directamente por falta de financiamiento y por el temor a las grandes fluctuaciones del precios (por toda la especulación) que ha salido de control a partir de 1994.

Después de las exportaciones de petróleo, el café representaba hasta hace 10 años el segundo lugar generador de divisas para México. Con la política de libre mercado, en la lógica neoliberal, el gobierno abandonó los compromisos de promover al sector cafetalero productor, dejándolo a la suerte y deriva de las fuerzas de la libre competencia internacional (a la especulación mafiosa de la Bolsa de Nueva York), siendo las comercializadoras exportadoras -generalmente trasnacionales- quienes tienen mayores oportunidades de competir y reforzar sus beneficios y monopolizar.

Un hermano nos comenta:

“Siempre ha habido café. Pero cuando la gente empezó a ampliar sus cafetales fue a finales de los 70s. Fue un programa del gobierno. Alemania mandó semillas para sembrar. Alemania hizo un acuerdo con el gobierno de México, quien apoyó para pagar el cafetal…Así los campesinos aceptaron el programa. Después, el café se vendía a Alemania a muy bajo precio. A principios de los 80’s se empezó a sembrar más café. El precio estaba muy bajo. Después del levantamiento armado subió un poco el precio y luego bajó de golpe.

Antes sembrábamos maíz y frijol. El cultivo del café era muy poco, porque se pagaba muy barato, entre 2 y 3 pesos el kilo. Algunos no se dedicaban al café, sino que se quedaban en la milpa o el maíz. Hubo un tiempo a mediados de los noventa cuando subió el precio hasta 30 pesos el kilo del pergamino. Cuando vio la gente que subió el precio del café, todos se pusieron a sembrarlo.

Los 30 pesos solo duró un año, luego fue bajando hasta 20-22, luego a 15, luego a 10 luego hasta 8-7. Algunos se han desanimando. Muchos se han quejado. “¿Para que sigo, si me cuesta mucho trabajo?” dicen. Dejan de cuidar el café y se ponen a sembrar maíz. Pero otros siguen, porque es otra fuente de ingresos. Otros se dedican al maíz y al frijol. Nada más que se necesitan grandes extensiones. Otros siembran plátanos, cacahuates, naranjas, camote. No es mucho dinero el que se consigue. Para unos el café es su principal y para otros su única fuente de ingresos. Hay otros que trabajan de jornaleros. Un jornal se paga a $25pesos (2.5 dólares) de 7 a 2 de la tarde.

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